lunes, 27 de abril de 2009

El Camion Mixto (Cuento Andino)

Pasaron casi como 15 años desde que nació y era la época de estar pensando en besar a una chica. Era costumbre en aquella época que los niños de familias más acomodadas fuesen a estudiar a una ciudad más grande que la que había en la zona, por lo cual se escogía Cusco, ésta era una tradición que venía desde la época de la colonia, tal vez desde antes, no lo sé, cuando la gente asistía a los yachaywasi[1] del Cusco ciudad Imperial, así fueron al Cusco los abuelos de Jaime, Leoncio y mamá Hono, la edad de asistir al colegio era desde los 11 años.
Sólo se retornaba a casa en navidad, el viaje de estudios duraba 9 meses de abril a diciembre, pero cuando llegaba el fin de año escolar, los niños retornaban a su casa rural, para pasar allí los tres meses de vacaciones escolares. El solo hecho que existiera la oportunidad de volver a casa ya era una esperanza suficiente para poder estudiar tranquilo.
La regla se repetía cada año, abril a diciembre a estudiar, de enero a marzo a retozar en el campo. En Lima había el verano y en la sierra llegaban las lluvias, con su alegría, con pastos verdes con animales gordos, con leche en las ubres de las vaca, en los andes eran vacaciones de primavera, el cielo se vestía de gris, llovía, caía granizo, pero había sol radiante, era un contraste permanente.
Todos los animales parián, lo hacían las vacas, las yeguas, las burras; había nacimientos por doquier, los potrillos, los becerros, etc., estaban allí, para alegría de los propietarios, los potros se ponían briosos, los toros peleaban entre ellos, había competencia para el apareamiento.
La llegada de las vacaciones excitaba a todos, era una alegría general, las huertas también se ponían a producir duraznos, manzanos, peras y peritas, y en las zonas más bajas había tunas y capulíes, como todo en los Andes, el cañón del rio Soras era maravilloso, un lugar privilegiado por tener diversos pisos ecológicos.
El viaje del Cusco a Puquio
El viaje del Cusco a Puquio fue más o menos interesante, Jaime viajaba en el ultimo asiento de un ómnibus de marca Pegaso de la compañía Morales Moralitos, ya tenía 14 años luego de las vacaciones cumpliría 15 y eso lo hacía sentir hombrecito, es decir podía fumar un cigarrillo, y lo hacía en el mismísimo bus, era una época de libertad, nadie protestaba.
Llegado a Puquio se encontró con su señor padre, que se alegro de verlo tan crecido, se preocupo un poco por su peso y dijo “estas vacaciones te alimentaras ¡muy bien!.” Luego de unos minutos fueron a buscar al propietario del camión mixto, para que les diera fecha de viaje para ir a Soras, así como contratar dos asientos preferentes, que generalmente eran en la primera fila, esos asientos eran mullidos, y con respaldar también mullido. En cambio los asientos de la segunda fila, eran solo una tabla delgada para casi sentarse, sin espaldar, los asientos de la tercera y la cuarta fila eran como de los parques, eran bancas largas con respaldar, el propietario del mixto tenía una política de marketing perfectamente diferenciado, clasificando a sus clientes por precios y calidad.
En la segunda fila viajaban desconocidos
La parte delantera del camión mixto era para llevar pasajeros, y la parte trasera era para llevar carga, algunos pasajeros pobres y animales. Toda la gente acostumbraba a viajar con sus animales, ya sea de ida o de vuelta, si viajaban de Lima, llevaban pollitos, si viajaban hacia Lima, llevaban corderos, chanchos, gallinas gordas, cuyes, etc.
Don Alfredo compro los asientos más caros, al lado del chofer. En la primera fila de derecha a Izquierda estaban cinco personas, el tío Calderón que viajaba semi parado, Don Alfredo, su hijo Jaime, el chofer, y la querida de turno del chofer, que estaba sentada sobre la caja de herramientas, sobre un cuero de oveja sin trasquilar. La querida era una buena moza que no tenia plata para su pasaje y el pago lo realizaba en especies y servicios personalísimos al chofer propietario.
En la segunda fila viajaban desconocidos que solamente utilizaban el bus para recorridos más cortos, los pasajeros viajaban mirando para atrás, sobre esa diminuta tabla que se decía asiento, colocando dos de sus cuatro letras, no podían depositar todo el culo, eran pasajeros semi parados. La tercera y cuarta fila que poseía los asientos corridos de listones de madera, de manera anatómica, no tenían numeración, eran aptos para gordas y flacas, para madres con hijos, para padres sin hijos, eran una especie de asiento totalmente adaptada a los rigores de ese viaje, que duraba 14 horas como mínimo para un recorrido de 180 kilómetros. Respecto a los pasajeros, en la tercera fila mirando hacia adelante estaba la señora Zenaida con su hija una flaquita de 14 años recién cumplidos, en el viaje del año anterior parecía sólo una niña, pero esta vez la mocosa estaba en su punto. Saludaba con coquetería, sus ojos reclamaban ser vistos, su sonrisa era nerviosa, y su ¡hola! era de tono suave y gentil.
En estos viajes, la hora de salida no existía, el camión partía cuando se llenaba, y se llegaba cuando el rio permitiera el paso, no había puente, ni carretera afirmada, ni trocha, cada chofer hacía su propia ruta para atravesar la puna desértica. Finalmente el carro partió a las doce del medio día aun cuando se había anunciado partiría muy de mañana.
Si papá contestaba el ayudante
El chofer don Galindo empezó a gritar a su ayudante, el ayudante aguantando a pie firme todos los gritos, eran una especie de código de star up, un código de arranque, el chofer gritaba cada cosa, verificando su estricto cumplimiento, el dialogo era así:
-Webas, ¿Ya pusiste petróleo? – Si papá contestaba el ayudante.
-Ya llenaste el cilindro con el petróleo, - Si jefe repetía.
-¡Oye oye!, ¿subiste la llave de ruedas y la gata? –Si jefe- dijo.
-Oye cabrón, por tu culpa estamos saliendo tan tarde, porque no llamabas rápido a los pasajeros, ¿A qué hora llegaremos al Carhuarazo[2]?, eres, un triste y pobre huevas.
El rio, ¿Cómo estará? – si jefe ¿Cómo estará?
Oye sonso, no te pido que me refutes, te estoy preguntando ¿Cómo estará el rio Coñane? -Estará cargado Jefe. Respondió tímidamente el ayudante.
¿Qué cosa? – No papá, el rio estará bajo nomas. Respondió el ayudante achicándose, humillándose para satisfacer a su furioso patrón.
-Ah. Ya, dijo el patrón como quien domina a la naturaleza, al dominar a su ayudante. Sin embargo profirió otra maldición y amenaza, -“pobre de ti nomas que el rio este cargado, webas con boca salada”.
En ese instante, se quedo un eco en el cerebro de Jaime, boca salada. ¡Boca Salada!, boca salada, pensaba una y otra vez, Jaime, la única vez que besó una chica, no sintió el sabor salado, más bien la boca no tenia sabor, ¿Por qué dirá este señor boca salada?, seguro que el chofer beso a alguien después del almuerzo, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Jaime reía al interior.
Compadre Galindo, Inquirió Don Alfredo, -ya no reniegue más, y pongámonos de viaje-, el chofer respondió, como todo buen comerciante cuando el cliente es mayorista.
“Si don Alfredito, ya falta poco para partir”, acelero su camión Ford, y arranco el viaje. Ya en la primera curva el chofer justifico su conducta diciendo, - Resulta compadre que este ayudante es muy descuidado, se debe chequear todo, es muy sonso, si no lo ajusto ésta mierda no trabaja y le gusta que lo putee, solo así trabaja tranquilo. Así es don Alfredo, no es por nada es por su bien nomas que lo sacudo. Mire usted, a este cholo yo lo recogí cuando tenía 7 años, así chiquito nomas era[3], y mire usted a este animalón en lo que se ha convertido, tiene 18 años, antes no cargaba ni una llanta, ahora véalo usted carga solito el cilindro, y las llantas de repuesto. Su mama me lo entrego, con tal que le enseñe a trabajar-; ya le he dicho, “si tu trabajas bien a los 21 años te enseñare a manejar y cuando tengas 25 te daré dinero para que saques tu brevete”. Ahora, ya sabe de mecánica, sabe prender el carro, come lo que yo como, siempre le dejo mi plato (con sobras) medio lleno, ¿Usted cree? que si no comiera no estaría así de grande y fuerte. No don Alfredo, a este muchacho lo crio bien, pero eso sí, si le doy un poco de cuerda se malogra. – Este cholo es para rigor compadre-
Ya eran como las nueve de la noche, el viaje era lento por la carretera principal que terminaba en Negro Mayo, desde allí una trocha infernal, llena de baches, era preferible cruzar la pampa por entre la paja brava, pasaron por Pallcca, y llegaron hasta el rio Sihuas, el primero de tres ríos que debían atravesar por pleno vado improvisado. Los otros ríos eran el Coñane y el Huancane. El rio mas pendejo era el Coñane, el más profundo era el Huancane, el Sihuas era tranquilo, pero esta vez estaba cargado y lleno de piedras, había un rum rum del golpeteo de las piedras al fondo del rio, se sentía bastante cargado. Se inicio el proceso de vadeo, se debía cruzar sin marcas ni señales, por donde sabia don Galindo, apoyado por su ayudante.
Antes de aventarse a cruzar el rio el chofer paró bruscamente e inicio una especie de oración soez:
No te dije carajo, No te dije, en la noche carga el rio, y tú me dijistes, “no pasa nada, papá”.
Me engañaste, carajo, y yo confiando en ti, boca salada, ya no se te puede creer, antes cuando eras chiquito, carajo que buen pronostico tenias del clima, estas como el huevo cuanto más cocido más duro, y tu cuanto más grande mas cojudo.
Bájate rápido carajo y fíjate por donde se puede pasar, y sácate el pantalón pasa por el rio y fíjate bien por donde pasara la llanta, quítate también los zapatos, porque no te voy a comprar otros hasta el próximo año, tú crees que cago plata o que, y por otro lado si te duermes con el pantalón mojado te jodes, y yo no tengo plata para cuidar enfermos.
El ayudante bajo del camión cruzo el rio el agua le llegaba a los muslos, a su regreso, se acerco al chofer y le dijo:
-papa piedra grande hay al centro.
-Y que chucha quieres que haga huevón, sácalas pues, o quieres que yo las saque-, ¡camina por cada huella y saca todas esas piedras!, yo te alumbrare con los faros del carro, -Si papa- dijo el ayudante en tono sumiso y se metió al rio.
Pasaba una y otra vez por las gélidas aguas del riachuelo, buscaba con los pies las piedras que pudiesen interrumpir el paso del camión, regreso tiritando y dijo:
-ya papá, ya está limpio el rio-.
Don Pancho Galindo metió suavemente el camión en el rio, cuando se escucho un ruido sordo, las piedras se estaban moviendo lo que genero un grito general de los pasajeros, un grito de desesperación -¡la lloclla! decían-. Otros decían -¡Don Pancho acelere!, se viene la lloclla-. Don Pancho con sus 45 años bien curtidos, se asusto, y metió la pata en el acelerador, lo que genero que el camión patinara, y acabo ahogando el motor, el que se apago en pleno rio. Un apagón general, no había motor, no había luz, la oscuridad era total.
En ese momento hubo dos fenómenos, un silencio y una penumbra totales, en eso, se sintió el susurro del rio, no había lloclla, el ruido de las llantas fue confundido con el ruido del huayco o lloclla, que es un aluvión de piedras y lodo que arrasa con todo a su paso, este fenómeno es muy temido en la sierra por la fuerza descomunal que posee, arrasando todo ser viviente a su paso.
Jaimito no le respondió nada.
Don Alfredo Dijo: -Compadre Galindo; ¿Qué haremos?
-Bueno veré si puedo encender el carro- , y el carro no daba señales de vida. Don Alfredo se fijo a un costado y el rio estaba allí, presto a ingresar a la caseta. ¡Carajo! exclamo don Alfredo, -el rio no nos deja salir-. El chofer le dio al arranque por segunda vez y nada, por tercera vez y nada, finalmente dijo, señores pasajeros, acomódense, aquí dormiremos hasta mañana, cuando amanezca sacaremos el carro del rio.
Don Alfredo encendió sin invitar un cigarrillo inca sin filtro y fumo para apaciguar los ánimos, el chofer se llevo a su pasajera a dormir en la canastilla que esta sobre la caseta, el Niño Jaimito se acomodo para dormir, cuando una sombra, se acerco por la espalda y dijo:
¿Alguien dormirá en el asiento[4] del Piloto? Jaimito no le respondió nada.
La recién llegada al asiento delantero era la flaquita Paqui, que hasta esa noche pasaba como niña, pero ya tenía 14 añitos. La noche era oscura, fría, sin oxigeno, por los 3,500 metros sobre el nivel del mar, atrapados dentro de un camión viejo, llamado mixto, el camión estaba atrapado por el rio.
Ella se acomodo, en el asiento del piloto, jugueteo un poco a ser la conductora, traía como apoyo para el frio un pequeño chal, mientras Jaimito tenia, un tremendo poncho de Villa, y un poncho fino de color nogal, tejido en Pampachiri, de pura alpaca, que servía como corta viento y como impermeable. Que podría querer una chica en esas alturas. –Calor-, calor humano, porque el frio era terrible, así que se acerco un poco y se acomodo en el hombro de Jaimito, diciendo, -tu serás mi almohada-. Jaimito le ofreció parte del poncho de villa, como abrigo. Ella respondió –Bueno-
Y cubrió su cuerpito, con el enorme poncho.
Al momento de acomodarse, Jaimito roso las tetitas de Paqui, quien no dijo nada, las tetitas estaban duritas, eran pequeñas y firmes, tenían un calor templadito, solo fue un roce casual, ahora vino otro roce intencional, queriendo explorar mas de esos pechitos, y ella nada, en silencio cómplice.
Jaimito que era diestro de nacimiento, se convirtió de pronto en zurdo, manejaba la mano izquierda con una expertis, de artista, exploro, las tetitas sobre la chompa, al principio sólo eran roces, luego cambio y busco bajo la chompa, cada paso era lento como los de una iguana, sobre el sostén, De pronto Jaimito ya estaba buscando las tiras del sostén, cada vez sentía más escalofríos, no sabía cuando terminaría esa exploración, no se sabía hasta donde aceptaría la pequeña Paqui, cuando diría basta, cuanto estaba permitido. El cuerpo de Jaime estaba reclinado sobre su costado derecha de modo que su única mano libre era la izquierda, y su único punto de contacto era su mano izquierda, no podía haber más, no se podía abrazar, no se podía puntear, lo único permitido era juguetear con la mano izquierda de manera muy discreta.
La mano ya había tocado un hombro desnudo, la redondez del hombro, su textura, su suavidad, había excitado mucho mas a Jaime, allí estaban las tiritas del sostén, bien templado, allí roso nuevamente la copa del sostén, y advirtió que estaba flojo, listo para ser invadido. LA bajada de mano desde el hombro que ya era una proeza hasta encontrarse directamente con el pezón, fue un viaje lento, sin agresión, más bien con timidez, como pidiendo permiso a cada centímetro cuadrado de piel ganado, No había resistencia de parte de ella, solo había una mano que guiaba a la mano visitante a volver al hombro, y el viaje al pezón volvía a repetirse, temblando de emoción, lamiendo la piel con los dedos, bajo el sostén, luego sin sostén, la tarea se volvió más libre, como para pasear, la teta izquierda luego su hermanita la derecha. El pezoncillo, durito, el paseo era como pasear por las colinas, se subía a una colina, se bajaba a un valle, se subía a otra colina, luego se subía a una súper colinita, al mismísimo pezón, allí ya no era la mano, eran tres dedos los que jugueteaban, sintonizando una radio imaginaria, Jaimito tenía ganas de tirarse encima, pero no se podía, la noche era oscuro pero había temor en el ambiente, el pantalón de Jaime parecía un circo de julio, tenía una carpa bien instalada. El cuerpecito apoyaba la acción, si ella quería mostrar la teta izquierda se movía a un lado, cuando quería se movía al otro lado para facilitar la exploración de la teta derecha. Por suerte no había botones molestosos, la exploración siguió el curso de arriba hacia abajo.
El viaje a la zona roja
El viaje a la zona roja, fue mucho pero mucho más lenta, siempre con la política de navegando con bandera de cojudo, oh, qué casualidad que hago aquí, ya cerca de la cintura estaba el pantalón blue jeans, con su correa y botón de metal, totalmente cerrado, la mano izquierda no era experta en botones, la chibola apoyo con todo, desabotono, aflojo la correa. Que sorpresa, el camino estaba dirigido. Allí se encontraba un calzoncito diminuto y una pequeña chuchita bien mojada. La mano se quedo allí, explorando, curioseando, mirando con los dedos, una hora, otra hora, la noche oscura era la cómplice, pero todo movimiento era despacito, lento, lentísimo, que no se notara, no había ruidos, no había suspiros, no había nada solo el silencio y la noche, el cuerpito estaba de bruces, de espaldas, de costado, Paqui era una contorsionista, solo las cabezas de los actores estaban afuera. El jugueteo continuo hasta las 4 de la madrugada, la noche era la amiga. A esa hora don Alfredo encendió un fosforo, para encender un cigarrillo, que ilumino todo el local, evidenciando las posturas bajo el poncho de villa.
El viejo zorro, también estaba excitado y emocionado por los avances de su pupilo, imaginando que estaría sucediendo bajo tremendo poncho, ¿Se imaginaria la escena de sexo seguro? o que estaría pensando; luego de encender el cigarro no dijo nada. Esa Mañana Don Alfredo lloro en silencio diciendo, ya me puedo morir, mi hijo menor ya es un hombre y se puede defender solo.
Al terminar su cigarrillo, llamo al Chofer, y le dijo, ¡compadre es hora que empecemos a trabajar!, -si compadre- se oyó una voz a lo lejos.
Jaimito se convirtió en zurdo en materia amatoria, reconoció nuevamente todo ese cuerpecito, de pies a cabeza, el cuerpito apoyaba en la segunda exploración acercando la parte que quería o que faltaba repasar. Había momentos que la mano estaba rígida y solo se movía el cuerpo, se acercaba la vaginita, se daba vuelta y mostraba el culito, en fin, fue una hazaña total.
Las 4 con 20 fue el final de la faena, la luna había salido e iluminaba el campo de batalla, el rio estaba allí, ronroneando, relajando, salpicando, susurrando. Entre van y vienen llego las 5 am. Hora que todo el mundo estaba despierto, tratando de salir, del camión. El chofer bajo de su escondite y a la primera prendió el camión, que bramaba al puro estilo de los camiones Ford, luego de calentarlo por unos 10 minutos intento moverlo y el camión salió despacito del atolladero, ya en tierra, el chofer dijo debemos esperar para que las fajas se sequen, como se han remojado toda la noche, estas no querrán trabajar. Todo el mundo bajo del camión a buscarse acomodar el cuerpo, a orinar, a peinarse, a estirar las piernas, a lo que sea pero todo el mundo bajo, una señora, ya estaba buscando leña para hacer hervir agua, para los cafecitos de cebada.
Jaimito se puso su poncho de alpaca color nogal, para que sirviera de cortaviento, trato sin éxito de doblar el pesado poncho de villa dentro del camión, a esa hora el ayudante ya había puesto dos piedras grandes para que sirvieran de cuña al camión, la gente bajaba y deambulaba, buscando un lugar “ispaycunaypac”[5] decían. Hacia un frio del demonio, y Don Alfredo dijo “La mañana está más fría que la difunta rata”
Jaimito seguía a don Alfredo, que caminaba despacio, pero Jaimito estaba agitado por las hormonas recién instaladas en su cuerpo, le gano el paso a su padre, ya estaba en un santiamén explorando la carretera, caminando lo suficiente hasta una lomada desde la cual se observaba muy bien el amanecer andino.
Cada vez que Jaime hablaba salía vapor de sus labios por el contraste entre el frio del medio ambiente y el calor del aliento, parecía que fumara un cigarrillo, parecía que todo el mundo fumaba, el vapor salía de todos los labios. Desde la loma, vio de reojo al camión mixto, que estaba al borde del rio, toda la gente estaba a un lado del camino, el lucero de la mañana estaba allí presente en el horizonte sin nubes mientras el resto de las estrellas ya estaban apagadas. Regresó al camino, con las botas mojadas por el rocío de la mañana que estaba sobre el pajonal, en ese instante el viejo Alfredo lo vio y le recomendó no mojar los zapatos porque cogería un resfrío, si es que el agua llegaba hasta los pies.
Sería muy bueno pensar en hacerlos casar
Luego de la charla informativa, don Alfredo entro de lleno al asunto que le preocupaba y le dijo a Jaimito, de la manera más explícita posible; he hablado con doña Zenaida quien me ha dicho:
“Don Alfredito, parece que nuestros hijos se entienden muy bien, sería muy bueno pensar en hacerlos casar” Don Alfredo dijo que le respondió así: “Doña Zenaida, los niños todavía están tiernos, yo también vi lo que usted vio, ellos solo se estaban calentando porque la noche estaba muy fría, y si de matrimonio se trata, esperemos que cumplan los 25 años, mientras tanto que estudien una profesión” El dialogo se habría llevado en un ambiente cortante de parte de don Alfredo y meloso y complaciente de parte de doña Zenaida.
Don Alfredo, volvió a conversar de manera directa con su benjamín, diciéndole, -Jaimito, eres un perfecto Jaimito, todavía no terminas la secundaria y ya estas metiendo la mano. Y la chiquita esa para lo que había tenido gracia, ¡mocosa ah…! Papá, hablo Jaimito como si llorara.
-Déjate de cojudeces hijo, anoche no te dije nada, para no despertar sospechas en la vieja, pero a quien se le ocurre meter la mano delante de tantos testigos, prácticamente diste un espectáculo para todo el camión y alguno de ellos hasta podría especular y decir que no solo fue la mano, recuerda que es una mocosa menor de edad.
-Papá, yo también soy menor de edad.
-Bueno eso te salva de ir preso, pero no te salva que la vieja te haga casar a la fuerza, eso se llama corralito.
-¿Qué? Dijo Jaime
-Claro hijo, la familia de la chica se confabula para que un día tu solo, ella sola, en su casa y jugando primero con la manito y luego cuando estas mas entusiasmado, entran en la casa el juez, la policía y el alcalde. En ese momento te jodes para siempre, y tienes que cargar con el bulto.
- Ya papá, no papá, no sabía papá. Replico Jaime
¡No sabía! Como no sabía, muy bien que sabias, le metías mano como maestro, y la mocosa gemía como gata.
En ese preciso instante rugió nuevamente el camión mixto, ¡Todos arriba! Gritó Gavancho el ayudante.

FIN
[1] Yachaywasi es Escuela en quechua.
[2] Carhuarazo es un Nevado, considerado Apu tutelar de la zona de Puquio y Lucanas. Apu, es un dios de la mitología pre colombina.
[3] Así chiquito nomas era, señalaba 70 centímetros del suelo.
[4] Comentario: El asiento de los camiones Ford, convertidos en mixtos, son de una sola pieza, que comparten el chofer y los pasajeros a su derecha, (No son butacas como los automóviles modernos)

[5] Ispaycunaypac significa estoy buscando un lugar para orinar.

1 comentario:

Unknown dijo...

El Camión mixto me recuerda ciertas andanzas de juventud, que tambien seguramente el autor habrá tenido.
excelente narrativa
Saludos
Humberto